INFORMATIVO
Por:
Carlos Apaza Mendoza
DELINCUENCIA
LA TRISTE REALIDAD EN EL PERÚ
De acuerdo a un estudio del
Instituto Integración, el 80 % de peruanos asegura que el nivel de los delitos
en el país aumentó en el último año, un 42 % de los hogares fue víctima de un
asalto y un 59% percibe aún inseguridad en las calles. Según el INEI, el 29,7%
de la población de 15 años o más dice haber sido víctima de un hecho delictivo,
pero solo un 15% denunció este hecho.
Cerca de 10 millones de
peruanos, la tercera parte de la población ha sido víctima de los delincuentes.
En el Perú y especialmente en las grandes ciudades nadie puede vivir tranquilo,
uno tiene miedo de salir, porque a la vuelta de la esquina puede aparecer un
delincuente que nos despoje de todas nuestras pertenencias o nos podemos encontrar
en medio de una balacera que podría acabar con nuestra vida.
El mismo arrojó que el 70
por ciento proviene de familias numerosas con más de cuatro hijos, el 65 por
ciento declara delinquir por influencia del hermano mayor, el 31 por ciento
sufrió maltrato dentro de la familia y un 30 por ciento admite que se droga
para cometer delitos. Lo más sobresaliente de la investigación fue que el 84
por ciento abandonó la escuela, justamente la institución que tiene más
influencia en la formación de la persona después del hogar.
El delito está motivado por
múltiples factores situacionales y de conflictos internos, y no cabe duda que
la educación juega un papel preponderante, de ahí la importancia de trabajar
más y mejor promoviendo la equidad y el desarrollo a través de un aumento de la
cobertura y la calidad de la educación básica. Pero hay algo más, no es tan
simple la cuestión. No todos los jóvenes que abandonan la escuela delinquen, ni
sólo delinquen los que no estudian o estudiaron. Tampoco todos los pobres son delincuentes
o drogadictos, ni todos los ricos son chicos buenos.
INTERPRETATIVA
Por:
Carlos Apaza Mendoza
POBREZA
EN EL PERÚ
En el Informe Preelectoral
Administración 2011-2016, publicado en el Diario Oficial El Peruano, la
Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), precisa que el período 2011-2014,
el país redujo cinco puntos porcentuales de pobreza, cuando las naciones de
América Latina y el Caribe solo lo hicieron en 1.6 puntos porcentuales.
Esto ha permitido que, pese
a la desaceleración económica que afecta a la región en los últimos años, el
Perú haya continuado reduciendo la pobreza. De hecho, el Perú creció 2.4% y la
pobreza se redujo 1. 2 puntos porcentuales, mientras que en América Latina el
crecimiento fue de 1.3% y la reducción apenas alcanzó 0.1 puntos porcentuales.
Los departamentos de
Amazonas, Ayacucho, Cajamarca y Huancavelica tienen los niveles más altos de
pobreza en el país. Estas regiones
registran indicadores entre 47,4% y 52,3%, según cifras del Instituto Nacional
de Estadística e Informática (INEI).
Durante el año 2014, la
mayor reducción de la pobreza extrema se dio en la sierra y selva. En la
sierra, bajó al 9,2% de la población y en la selva al 6,1%. La mayor proporción
de pobres extremos residen en la sierra (69,7%). La población mayormente
afectada por su situación de pobreza se caracteriza porque su lengua materna es
nativa de la Amazonía (64,7%), quechua o aymara (34,1%). Además, su nivel de
instrucción es primaria (35,5%).
Estos peruanos son
trabajadores familiares no remunerados (39,3%) o trabajadores independientes
(23,0%) y se dedican a actividades primarias o extractivas, como la
agricultura, pesca y minería (42,0%). Otra realidad es el de las regiones de
Arequipa, Ica y Madre de Dios. Estas registran los menores niveles de pobreza,
entre 2,5% y 7,8%.
Una parte de la solución y lo
más importante, la oportunidad para los jóvenes que quieren estudiar pero que
no cuentan con dinero, y al no tener apoyo, se quedan truncados, y tarde o temprano
formaran parte de la violencia en las calles, pero si esos jóvenes tienen
oportunidad para estudiar, entonces serán personas de provecho, y así nuestro
país crecerá, y la pobreza se reducirá.
CONVINCENTE
Por:
Carlos Apaza Mendoza
NO
SEAS PARTE DE LA CORRUPCIÓN
Comentando uno de los
numerosos casos de corrupción que ocupan nuestros medios de comunicación, un
amigo me preguntaba: ¿tú por qué crees que la gente se vuelve corrupta? La
pregunta no es de respuesta sencilla, y no quisiera en este breve espacio
ofrecer una respuesta que pudiera parecer frívola, rápida o de salir del paso,
para tan seria cuestión. Pero sí creo que merece una buena reflexión. Ahí van
pues unas cuantas líneas de pensamiento.
En primer lugar, se me
ocurre que el dinero tiene mucho que ver en todo esto. Alguien puede decidir
entrar en un negocio sucio por tentación económica. Sin embargo, en la
corrupción como en casi todo lo demás, el dinero no es fin, sino el medio;
permite tener una casa más grande, un coche más potente, una ropa más elegante
o unas vacaciones más excitantes…Y ese “tener” no es más que una forma más de
búsqueda de reconocimiento, que responde a la perversa ecuación “tener es más
importante que ser”. Y es que nuestra sociedad, tristemente, sigue poniendo
tanto peso en ello, que las personas se sienten tanto más reconocidas
socialmente cuanto más poseen, sin importar lo vacía que esté su vida, aunque
esté llena de cosas. Así es como algunos lo dan todo por un cargo; en el mejor
de los casos cuando lo tienen quieren otro mayor pero van dejando rastro en su
ascenso frenético.
Otra razón por la que se
puede caer en la trampa de la corrupción es el afán de poder. Más arriba, más
servilismo alrededor, más capacidad de someter a los demás, más afán por ser
objeto de flashes y compartir mesa y mantel con los grandes. Y ¿detrás de esa
foto? La hambruna de ser visto (que no de ver), y no de cualquier manera sino
de ser visto por otros como un igual. Soy como ellos, puesto que salgo en las
mismas fotos y accedo a los mismos círculos. El lucro al que permite acceder la
corrupción tiene su máximo exponente en los grandes eventos sociales donde
corrompidos y corruptos juegan a deberse favores oscuros, y sonríen a la cámara
desde el disfrute de su enorme visibilidad y supuesta amistad. Y poco después
se niegan unos a otros y se acusan desde el banquillo. Es lo que se llama la
muerte de la polilla, que en su afán de buscar la luz muere achicharrada…
Dos reflexiones finales, a
propósito de lo anterior, que no por muy escuchadas son menos interesantes. La
primera es que el corrupto no actúa solo: como en el tango, para que se
produzca un acto de corrupción hacen falta dos, un sobornado y un sobornador, o
un corrompedor y un corrompido. Por eso en una organización es importante
trabajar en un modelo de cultura de valores que permita aislar estas conductas,
de manera que los corrompedores tengan cada día más difícil encontrar a quien
corromper, y se vayan quedando solos. Para que una organización se comporte de
manera ética, todos los que trabajan en ella han de comportarse de manera
ética; sin embargo para que una organización de corrompa, se necesitan dos. Una
fuerte cultura interna construida sobre valores y comportamientos es la mejor
vacuna contra la falta de ética.
INDUCTIVO
Por:
Carlos Apaza Mendoza
LA
PROBLEMÁTICA DE LA INFORMALIDAD EN EL PERÚ
La informalidad es un
fenómeno complejo que conduce a un equilibrio social no óptimo en el que los
actores sociales participantes (trabajadores, empresas y microempresas) quedan
desprotegidos en términos de salud y empleo. A su vez, el estudio señala que la
informalidad se incrementa a causa de tres factores principales: impuestos
laborales y mala legislación en seguridad social, políticas macroeconómicas que
afectan a los sectores más propensos a optar por la informalidad, y reformas
comerciales sin análisis de impacto en los sectores de menor productividad.
Si se utiliza la no
inscripción en seguridad social, uno de los criterios esbozados en el reporte
para medir el nivel de informalidad, el Perú ostenta más del 35% de informales
independientes y más del 40% de informales asalariados; sean éstos informales
por exclusión (los que no tienen posibilidad de inserción en el mercado) o
informales por escape (los que deciden que ser informales es más beneficioso).
Estas cifras generan
implicancias tanto a nivel microeconómico como a nivel macroeconómico. A nivel
microeconómico, la informalidad reduce el bienestar de los agentes económicos
involucrados. En el caso de los trabajadores, los salarios se reducen y se crea
un subempleo que no puede ser controlado por el Estado. En el caso de las
firmas, se genera dificultades y restricciones en el acceso al crédito que
normalmente son mayores a las ganancias obtenidas por evasión fiscal. A nivel
macroeconómico, los efectos se perciben en la menor recaudación fiscal y en la
menor gobernabilidad.
Esto conlleva a entender la
informalidad como un fenómeno complejo que, en países como el Perú, actúa como
“colchón social” ante la pobreza y la desigualdad en el ingreso. Por ende, debe
ser prioridad del gobierno el establecer políticas públicas en el mercado
laboral que generen incentivos para el traslado hacia el sector formal, las
cuales permitan que el sector informal sea incorporado paulatinamente al
mercado.
ARTÍCULO
Por:
Carlos Apaza Mendoza
PROCESOS
ELECTORALES Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
La competencia electoral,
sin duda alguna, es parte inseparable de la democracia. El ciudadano encuentra
en ella la oportunidad institucional para evaluar y elegir a sus gobernantes,
frente a las diversas alternativas. A través de las campañas y elecciones, el
electorado expresa su apoyo o condena la actuación del trabajo de un partido
político en el gobierno y a su candidato a un cargo de elección popular, o bien
brinda su confianza a un partido opositor y a su candidato. Es decir, las
elecciones son la oportunidad de evaluar el cumplimiento de la oferta y
compromiso político de los diversos actores políticos y partidos. Repetidos
procesos electorales en las últimas décadas presentan claras evidencias
exhibiendo que los medios ocupan en ellos un lugar central. En cada caso se
advierte que ellos tienen amplios e importantes campos de participación
sustantiva y determinante.
La literatura sobre el
electorado es amplia. En contraste, aquella sobre los realizadores de campañas
con la utilización de medios de comunicación es reducida. Históricamente, las
campañas electorales han venido incorporando las técnicas e ideas más
desarrolladas en comunicación. Invariablemente, ellas han adoptado y se han
adaptado a las últimas herramientas de persuasión. Hasta finales del siglo XIX
la forma publicitaria para obtener el voto del electorado fue el discurso
político presentado directamente ante audito- rios en diversas localidades, la
distribución de folletos, panfletos, carteles y manifiestos, así como la
divulgación de programas y propuestas políticas a través de periódicos locales
y nacionales. La propia ampliación del derecho a votar que fue ocurriendo en el
propio siglo XIX, sumado al avance del alcance de los medios de comunicación,
fue constituyendo un elemento de transformación del actuar y procesos políticos
con un impacto determinante en la sociedad.
Walter Lippmann observa que
al término de la Primera Guerra Mundial los medios habían sido aprovechados por
los políticos como vehículos de persuasión, en una forma sin precedente igual.
El surgimiento de la radio y el cine permitieron nuevos vehículos de
comunicación a líderes políticos, mediante los cuales ampliaron la presentación
y divulgación política a un mayor número de electores. El caso de Franklin D.
Roosevelt, en particular, ejemplifica con toda claridad el uso de la radio en
los años treinta. Asimismo, se observa que desde los años cincuenta el
desarrollo tecnológico de los medios, muy en especial por lo que toca a la
televisión, ha venido relegando la comunicación política interpersonal.
Los nuevos métodos de
comunicación política se empezaron a desarrollar en los Estados Unidos. Ellos
fueron evolucionando paulatinamente. Sin lugar a dudas, un significante desarrollo
en el campo de la comunicación política lo presentó la campaña presidencial de
Eisenhower en 1952. Su equipo de campaña incorporó a destacados miembros de
agencias de publicidad, comisionó a Gallup para investigar los intereses de los
electores y contrató al actor Robert Montgomery para apoyar la imagen del candidato
a la presidencia. Eisenhower hizo uso de mensajes en la televisión y en la
radio que se transmitieron en entidades federativas que eran clave en el
proceso electoral. Diversos mensajes expresando su apoyo en cuestiones de
interés para el electorado y una promesa de solución a sus problemas se
transmitieron repetidamente durante los últimos días de su campaña. Otro
importante capítulo fue en 1960, con la transmisión televisiva del debate por
la presidencia entre Kennedy y Nixon. Los posteriores eventos han venido
marcándose por un incremento significativo en la cobertura, sofisticación y
costo de las campañas.
Hoy en día, las formas y
vehículos de manifestación, discusión, configuración propia y participación se
ven determinados en diversos sentidos e intensidades por los medios y
comunicadores. Colin Seymour Ure, haciendo énfasis en el caso de la televisión,
afirma que este medio de comunicación se ha convertido en parte integral del
espacio en donde toma lugar la vida política. Por su parte, Rosendo M. Fraga
considera que “Es probable que la comunicación televisiva ocupe un espacio cada
vez mayor en el marketing político”.
En términos prácticos, cada
día parece hacerse más creciente la opinión de los políticos que consideran o
admiten que la televisión se ha convertido en el medio crucial de la
comunicación con los electores, y sienten que es esencial el empleo de agencias
de publicidad, empresas de encuestas, de relaciones públicas y de expertos en
imagen. De esta forma, se ha hecho la siguiente afirmación: “Los políticos han
comenzado a abandonar o a poner en duda sus viejas convicciones y teorías sobre
el poder de los medios de comunicación como eficaces electores, y se aventuran
por los azarosos, aunque vistosos campos de la publicidad política.


